LOS PAÑALES DE TELA BAMBINEX COMO PREMIO EN EL CONCURSO "RELATOS DE LACTANCIA"

 

Estamos a favor de la lactancia materna e intentamos promover sus beneficios a través de nuestras Redes Sociales con información de asociaciones y asesoras de lactancia; por supuesto siempre respetamos la decisión y situación de cada madre. smiley

La Asociación de Lactancia "Los Niños del Carmen" organizó un concurso "Relatos de Lactancia" para fomentar y divulgar la lactancia materna. Puericultura Ecológica ha querido participar donando un kit de pañales de tela Bambinex. El fallo del concurso se ha realizado durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna que se ha celebrado este mes de Octubre. La 3ª ganadora: Andrea Sanchez Megolla se ha llevado los pañales de tela preformados Bambinex, os dejamos su precioso y emotivo relato que seguro que os encanta. heart

"HASTA EL FINAL... "CLICK Y TETA"

Mi mamá siempre dice que las cosas pasan por alguna razón y que cuando se toma una decisión hay que llevarla hasta el final, porque lo que hayamos decidido es lo mejor para nosotros en ese momento. ¡Qué suerte que mi mamá sea tan cabezota con esta idea! Ella me cuenta que, cuando todavía éramos una, tomó una de esas decisiones que hay que llevar hasta el final. Yo sé que lo hizo por llevar la contra a todos los de su alrededor, porque si algo le gusta a mamá es ir contracorriente. Decidió que ella, mi papá y yo haríamos una cosa llamada “apego”, y para ello se ha informado y formado hasta el día de hoy. Muchas personas le dicen que esas cosas son “modernidades”, y la verdad es que no sé cómo de novedoso es eso de “apegar”, pero en mi vida es el sentimiento más antiguo que recuerdo.

Aún siento cómo, en los brazos de papá, me entraba sueñecito al son de “Hey Jude”. Cómo me ataba a él cuando salíamos a pasear, sin prisas, sin miedo. Pero lo mejor era cuando escuchaba el “click” del sujetador de lactancia de mamá, señal de que venía nuestro ratito. Apenas necesitaba pedirlo, porque mami siempre está dispuesta a darme su calorcito, sus caricias y su serenidad. Al principio, dice mamá, no fue fácil. Ella me cuenta que decidí abrir mi propia puerta a la vida, y eso de no querer salir por donde estaba previsto hizo que mamá tardara un poco más de tiempo en cogerle el gustillo a eso de amamantar. Pero ya sabemos, una vez decidido… hasta el final. Entre brazos, arrumacos y tetita, iban pasando los días. Recuerdo cómo mamá siempre tenía argumentos de peso para aquellos que le decían que me malcriaba, sin saber, que el mayor de ellos aún estaba por llegar. 

Fue una pena que tardara tan poco. A penas tenía tres meses y medio y todavía siento el frío de la madrugada de diciembre en mi rostro, mientras mamá corría por la calle, conmigo en brazos mal vestida, y papá unos pasos por detrás. Yo ni siquiera lloré. Sentía que era un momento complicado y decidí ayudar a mamá. Hasta el final. El frío de la mañana nos llevó hasta la impersonal calidez de una sala de espera… después a otra… y a otra más. Ese día tuve menos brazos y menos caricias, pero nunca faltó el “click” seguido de la tetita de mami, entre señores de bata blanca y gente muy nerviosa. Ese día ya no volvimos a casa. 

Vi cómo a mamá se le derrumbaba el mundo, sumergiéndose por segundos en un abismo desconocido, mientras papi, ya con pijama de hospital, se iba paralizando a pasos agigantados. “Guillain Barré”, le dijo un hombre serio a mamá, y aunque yo no sabía quién era ése, comprendí que era el momento de ayudar a mamá y a papá, una vez más, hasta el final. Y como no podía ser de otra forma, reclamé que mamá hiciese “click” y se centrase un momento en mí. Esta vez por ella. Para darle un respiro. Para que cogiese aire, y pudiese pensar con claridad. Y mamá no tardó en darse cuenta. Recordó su decisión y eso la empoderó. En ese momento, mirándonos a los ojos, sin pestañear, con mis labios alrededor de su pecho, sus brazos alrededor de mi cuerpo… lo recordó y me susurró. Hasta el final. Y justo ahí entendió la razón por la que había elegido la lactancia para mí. Porque nos necesitamos. Porque esto es cosa de tres, y la lactancia el punto en común del que partir. A partir de ahí, nada fue fácil. Ya no dormíamos los tres juntos, ni papi me cogía entre sus brazos. Ya no me ataba a su cuerpo ni me dormía con el “Hey Jude”. Ni siquiera se movía en la cama cuando mi mamá me ponía sobre él para que lo abrazase. Pero siempre, siempre, siempre, estaba el “click”. 

Aún recuerdo cómo algunos de los señores de bata blanca le decían a mamá que el hospital no era lugar para mí… y cómo mamá cogía fuerzas de mi mirada y les contestaba que mi lugar estaba donde estaba su teta…. Gracias a aquella decisión, ahora nadie nos podía separar. También recuerdo a aquellos que le dijeron que si después de dos meses viviendo en la planta de medicina interna no había cogido ningún “bichito”, había sido por tomar el pecho. Nunca olvidaré cómo mamá daba gracias a la teta una y otra vez a sabiendas de que con biberón no hubiésemos podido estar los tres juntos, en los momentos más difíciles de nuestras vidas y teniendo todo lo que necesitábamos: a mamá, papá, la teta y yo. 

En los momentos duros, “clic” y teta. En los de tranquilidad, “clic” y teta. En los de alegría, “clic” y teta. En la esperanza y en la desesperanza, en los momentos de amor y en los de rabia. En los de impotencia y en los de alivio… siempre “clic” y teta. Y fue así, porque yo necesitaba a mamá, y porque papá nos necesitaba a las dos. Juntos, hasta el final. Y a mis once meses, ya he aprendido qué es lo importante de la vida…. “clic” y teta.

Relato escrito por:  Andrea Sanchez Megolla

 

¡Enhorabuena por escribir este precioso relato y por tu premio!

Comentarios

Puericutura Ecológica

5 de 5

¡Muchas gracias Andrea!

Andrea

5 de 5

Infinitas gracias por vuestro regalo en el concurso. El pañal me ha encantado (ya pañaleaba con tela) y por supuesto os tendré en cuenta para mi próxima compra!

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